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EL DESARROLLO DEL CARÁCTER 


“Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta,  amor, espíritu, fe y pureza” 1 Tim 4:12.

La Importancia del Carácter

 

El único tesoro que se lleva de este mundo.

Un carácter formado a la semejanza divina es el único tesoro que, podemos llevar de este mundo al venidero.  Los que en este mundo andan de acuerdo con las instrucciones de Cristo, llevarán consigo a las mansiones celestiales toda adquisición divina.  Y en el cielo mejoraremos continuamente.  Cuán importante es, pues, el desarrollo del carácter en esta vida (Lecciones Prácticas del Gran Maestro, pág. 303).

El carácter íntegro es una cualidad del alma.

La habilidad mental y el genio no son el carácter, porque a menudo son posesión de quienes tienen justamente lo opuesto a lo que es un buen carácter.  La reputación no es el carácter.  El verdadero carácter es una cualidad del alma que se manifiesta en la conducta (Youth's Instructor, 3-11-1886).

Un buen carácter es un capital de más valor que el oro o la plata.  No lo afectan los pánicos ni los fracasos, y en aquel día en que serán barridas las posesiones terrenales, os producirá ricos dividendos.  La integridad, la firmeza y la perseverancia, son cualidades que todos deben procurar cultivar fervorosamente; porque invisten a su poseedor con un poder irresistible, un poder que lo hará fuerte para hacer el bien, fuerte para resistir el mal y para soportar la adversidad (Consejos para los Maestros, pág. 174).

Sus dos elementos esenciales.

La fuerza de carácter consiste en dos cosas: la fuerza de voluntad y el dominio propio.  Muchos jóvenes consideran equivocadamente la pasión fuerte y sin control como fuerza de carácter; pero la verdad es que el que es dominado por sus pasiones es un hombre débil.  La verdadera grandeza y nobleza del hombre se miden por su poder de subyugar sus sentimientos, y no por el poder que tienen sus sentimientos de subyugarle a él.  El hombre más fuerte es aquel que, aunque sensible al maltrato, refrena sin embargo la pasión y perdona a sus enemigos (Id., pág. 171).

Más necesario que la ostentación.

Si se considerara tan importante que los jóvenes posean un carácter hermoso y una disposición amistosa, como se estima importante que imiten las modas del mundo en el vestir y el comportarse, veríamos a cientos, donde hoy vemos a uno, que suben al escenario de la vida activa preparados para ejercer una influencia ennoblecedora sobre la sociedad (Fundamentals of Christian Education, pág. 69).

Su desarrollo es la obra de toda la vida.

La formación del carácter es la obra de toda la vida, y es para la eternidad.  Si todos comprendieran esto, si despertaran al pensamiento de que individualmente estamos decidiendo nuestro propio destino para la vida eterna o la ruina eterna, ¡qué cambio ocurriría! ¡En qué forma diferente ocuparíamos este tiempo de prueba, y qué caracteres diferentes llenarían nuestro mundo! (Youth's Instructor, 19-2-1903).

Desarrollo y crecimiento.

La germinación de la semilla representa el comienzo de la vida espiritual, y el desarrollo de la planta es una figura del desarrollo del carácter.  No puede haber vida sin crecimiento.  La planta crece, o muere.  Del mismo modo que su crecimiento es silencioso, imperceptible pero continuo, así es también el crecimiento del carácter.  En cualquier etapa del desarrollo, nuestra vida puede ser perfecta; sin embargo, si se cumple el Propósito de Dios para con nosotros, habrá un progreso constante (La Educación, págs. 101, 102).

Es la cosecha de la vida.

El carácter es la cosecha de la vida, y esto es lo que determina el destino, tanto para esta vida como para la venidera.

La cosecha es la reproducción de la semilla sembrada.  Toda semilla da fruto "según su género".  Lo mismo ocurre con los rasgos de carácter que fomentamos.  El egoísmo, el amor propio, el engreimiento, la propia complacencia, se reproducen, y el final es desgracia y ruina.  "Por que el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas aquel que siembra para el espíritu segará vida eterna" (Gál. 6: .  El amor, la simpatía y la bondad, dan fruto de bendición, una cosecha imperecedera (Id., págs. 104, 105).

Cómo se Forma el Carácter

Se logra mediante el esfuerzo perseverante e incansable.

El carácter no se adquiere por casualidad.   No queda determinado por un arranque temperamental, por un paso en la dirección equivocada.  Es la repetición del acto lo que lo convierte en hábito y moldea el carácter para el bien o para el mal.

Los caracteres rectos pueden formarse únicamente mediante el esfuerzo perseverante e incansable, utilizando para la gloria de Dios cada talento y capacidad que él ha dado.  En lugar de hacer esto, muchos se dejan llevar a donde los impulsos o las circunstancias quieren.  No se debe esto a que les falte buen material, sino que porque no comprenden que en su juventud Dios quiere que hagan lo mejor posible (Youth's Instructor, 27-7-1899).

Nuestro primer deber con Dios y nuestros semejantes es el desarrollo de nosotros mismos.  Cada facultad con la cual nos ha dotado Dios debería cultivarse hasta el grado más alto de perfección, a fin de ser capaces de hacer la mayor cantidad de bien posible.  Para purificar y refinar nuestros caracteres, necesitamos la gracia dada por Cristo que nos capacitará para ver y corregir nuestras deficiencias y aprovechar los rasgos excelentes de nuestros caracteres (Pacific Health Journal, abril de 1890).

Cultivemos las facultades dadas por Dios.

En extenso grado, cada uno es arquitecto de su propio carácter.  Cada día la estructura se acerca más a su terminación.  La Palabra de Dios nos amonesta a prestar atención a cómo edificamos, a cuidar de que nuestro edificio esté fundado en la roca eterna.  Se acerca el momento en que nuestra obra quedará revelada tal cual es.  Ahora es el momento en que  todos han de cultivar las facultades que Dios les ha dado y formar un carácter que los haga útiles aquí y alcanzar la vida superior más allá.

La fe en Cristo como Salvador personal dará fuerza y solidez al carácter.  Los que tienen verdadera fe en Cristo, serán serios, recordando que el ojo de Dios los ve, que el Juez de todos los hombres pesa el valor moral, que los seres celestiales observan qué clase de carácter están desarrollando (Consejos para los Maestros, pág. 172).

Es influido por cada acto.

Cada acto de la existencia, por muy insignificante que sea, tiene su influencia en la formación del carácter.  Un buen carácter es más precioso que las posesiones mundanales; y la obra de su formación es la más noble a la cual puedan dedicarse los hombres.

Los caracteres formados por las circunstancias son variables y discordantes, una masa de sentimientos encontrados.  Sus poseedores no tienen un blanco elevado o fin en la vida.  No ejercen influencia ennoblecedora sobre el carácter de los demás.  Viven sin propósito ni poder (Joyas de los Testimonios, tomo 1, págs. 603, 604)

Se perfecciona al seguir la norma de Dios.

Dios nos da fortaleza, razonamiento y tiempo, a fin de que edifiquemos caracteres que él pueda aprobar.  Quiere que cada uno de sus hijos edifique un carácter noble, realizando obras puras y nobles, para que al final pueda presentar una estructura simétrica, un hermoso templo, honrado por el hombre y Dios.

En la edificación de nuestro carácter, debemos construir sobre Cristo.  El es nuestro seguro fundamento un fundamento que es inconmovible.  La tempestad de la tentación y las pruebas no pueden mover el edificio que está fundado en la Roca Eterna.

El que quiera transformarse en un hermoso edificio para el Señor, debe cultivar cada actitud de su ser.  Unicamente empleando debidamente los talentos es posible desarrollar armoniosamente el carácter.  Así ponemos como fundamento lo que en la Palabra se representa como oro, plata, piedras preciosas: material que resistirá la prueba de los fuegos purificadores de Dios.  Cristo es nuestro ejemplo en nuestra edificación del carácter (Id., 16-5-1901).

Hay que resistir la tentación.

La vida de Daniel es una ilustración inspirada de lo que constituye un carácter santificado.  Presenta una lección para todos y especialmente los jóvenes.  Un estricto cumplimiento de los requerimientos de Dios es beneficioso para la salud del cuerpo y de la mente (La Educación Cristiana, pág. 268).

Los padres de Daniel lo habían educado en su infancia en hábitos de estricta temperancia.  Le habían enseñado que debía obedecer las leyes de la naturaleza en todos sus hábitos; que sus hábitos de comer y beber ejercían una influencia directa sobre su naturaleza física, mental y moral, y que era responsable delante de Dios por sus actitudes; porque las poseía como un don de Dios, y por ningún motivo debía empequeñecerlas o invalidarlas.  Como  resultado de esta enseñanza, la ley de Dios fue exaltada en su mente y reverenciada en su corazón. (Manuscrito 132, 1901).

El blanco debe ser elevado.

Si los jóvenes de la actualidad quieren obrar como obró Daniel, deben poner en acción cada nervio y fibra espirituales.  El Señor no quiere que sean siempre novicios.  Quiere que alcancen el peldaño más alto de la escalera, para que de allí entren en el reino de Dios (Youth's Instructor, 27-7-1899).

Si los jóvenes aprecian debidamente la importancia de la edificación del carácter, verán la necesidad de hacer su obra de modo que soporte la prueba de la investigación delante de Dios. Los más humildes y débiles, mediante un esfuerzo perseverante en resistir a la tentación y buscar la sabiduría de lo alto, pueden alcanzar cimas que ahora les parecen imposibles.  Estas realizaciones no se lograrán sin un propósito definido de ser fieles en el cumplimiento de los pequeños deberes.  Se requiere una  constante vigilancia para impedir que se fortalezcan los malos rasgos.  Los jóvenes pueden tener poder moral, porque Jesús vino al mundo para ser nuestro ejemplo, y dar ayuda divina a todos, tanto jóvenes como adultos (Id., 3-11-1886).

El Poder del Hábito

Cómo se establecen los hábitos.

Cualquier acto, bueno o malo, no forma el carácter; pero los pensamientos y sentimientos acariciados preparan el camino para los actos y hechos de la misma clase (Youth's Instructor, 15-12-1886).

Por la repetición de los actos se establecen los hábitos y se confirma el carácter (Signs of the Times, 6-8-1912).

El tiempo para establecer buenos hábitos.

En gran medida, el carácter se forma en los primeros años de la vida.  Los hábitos que entonces se establecen tienen más influencia que cualquier don natural para que los hombres se conviertan en gigantes o enanos intelectualmente, pues por el mal uso de los hábitos, los mejores talentos pueden torcerse y debilitarse.  Mientras más precozmente se practiquen hábitos dañinos, más firmemente sujetarán a su víctima en la esclavitud, y más ciertamente rebajarán su norma de espiritualidad.  Por otro lado, si se forman hábitos correctos y virtuosos durante la juventud, por regla general determinarán el proceder de su dueño durante la vida.  En la mayoría de los casos, se encontrará que los que en los años maduros de la vida reverencian a Dios y honran lo recto, aprendieron esa lección antes de que hubiera tiempo para que el mundo sellara su imagen de pecado en el alma.  Las personas de edad madura, por regla general, son tan insensibles a las nuevas impresiones como lo es la roca endurecida, pero la juventud es impresionable (Christian Temperance and Bible Hygiene, pág. 45).

“Por ese medio nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguemos a participar de la naturaleza divina, y nos libremos de la corrupción que está en el mundo por causa de los malos deseos. Por esa razón, poned la mayor diligencia en agregar a vuestra fe, virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor… De esta manera os será concedida amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” 2 Pedro 1:4-7, 11.

 

 

¡Qué hermosa es esa
primavera de la vida!
Los días de la juventud.
Un tiempo de
aprendizaje acelerado,
deilusiones y
desilusiones, de éxitos
y fracasos. Es la etapa
de las mayores
decisiones
de su existencia.
“La bendición viene
cuando por la fe el
alma se entrega a
Dios. Entonces ese
poder que ningún
ojo humano puede
ver, crea un nuevo
ser a la imagen
de Dios.”
AQUI PUEDES ESCRIBIR TU MENSAJE

"Los rayos brillantes
de la luz celestial
están alumbrando
tu sendero, querido(a)
joven, y te ruego que
saques el mayor
provecho de tus
oportunidades. Recibe
y aprecia cada rayo de
luz enviado del cielo, y
tu senda aumentará
como el brillo de la
aurora hasta el día
perfecto."
 
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